LOS BULOS EN INTERNET

¿Qué es un bulo (hoax)?
Las bondades del correo
electrónico como herramienta de comunicación tienen su contrapeso en el
spam, los virus y los bulos (hoax). Este último término (bulo, broma,
engaño, patraña...) define las falsas alarmas de virus que llegan por
correo electrónico y, por extensión, a todos los mensajes de contenido
espurio o engañoso, como las cadenas de mensajes o las leyendas
urbanas.
Los bulos han ido ganando
en cantidad, variedad y peligrosidad. Si en un principio sólo había que
temer su capacidad para sembrar alarmas injustificadas, con el añadido
de la pérdida de tiempo y la saturación de redes, se encuentran ahora
algunas realmente perjudiciales para la salud del ordenador.
Si el correo no deseado
es una plaga que inunda los buzones, la variante hoax añade su
ilimitada potencia de expansión: a nadie se le ocurre reenviar un spam,
pero los embustes nacen precisamente para multiplicarse. Si el virus
utiliza el código para causar estragos, el bulo precisa de la
credulidad de las personas para obtener éxito.
Los efectos de los bulos
Podría decirse
que los efectos de los falsos virus son menores que los de los
auténticos. Pero lo único cierto es que son más complicados de
cuantificar. La generación de alarma social, la pérdida de tiempo en
casa o en el trabajo, la congestión de las comunicaciones y la difusión
de información falsa que contribuye a la desconfianza del medio, son
difícilmente convertibles en dinero.
La mayoría de la gente
que recibe un bulo lo reenvía a todos sus contactos, y aunque éstos
fuesen sólo 10 por cada persona, en la sexta generación de emisores ya
se estarían enviando un millón de mensajes. De esta gran capacidad de
expansión se pueden aventurar consecuencias económicas importantes.
La regla básica es
comprobar la veracidad de todas las alertas de virus o mensajes de
solidaridad y
sospechar de cualquier correo que incite a reenviarlo al mayor número
de personas posibles.
Mentiras inocentes y no
tanto
Un correo electrónico no
deseado supone de por sí una pérdida de tiempo. Pero los bulos pueden
ir un paso más allá y a través del engaño llegar a perjudicar
seriamente al receptor.
El bulo por excelencia es
el mensaje que advierte de los peligros de un virus informático. Puede
simplemente crear una falsa alarma que se extiende sin freno entre la
lista de contactos de los receptores e incluso recomendar acciones
preventivas que ocasionen daños sobre el ordenador.
Los creadores de bulos
utilizan mensajes que emulan las alarmas reales, recurriendo a un
lenguaje difícil de comprender y citando alguna fuente conocida, por lo
general fabricantes de antivirus para hacer el texto más creíble. El
usuario debe sospechar del tono alarmista.
La variante más
perniciosa de los falsos virus es aquella que además de advertir del
peligro, recomienda al usuario tomar medidas de las que luego se
arrepentirá. Lo normal es convencer al usuario incauto de que un
archivo alojado en su equipo es un parásito y debe eliminarlo. Eligen
un archivo presente de manera habitual en el sistema, por lo que el
destrozo que pueden ocasionar es mayúsculo si el archivo elegido es
imprescindible para el funcionamiento del ordenador.
Tipos de bulos
Además de los bulos que
alertan sobre amenazas virales, existen otros tipos de mensajes que
comparten con éstos ciertas características. Estos son algunos:
• Catastrofistas. Son bulos que
advierten de los desastres inminentes. Suelen citarse
fuentes oficiales para dotarlos de credibilidad, pero es improbable
enterarse de una amenaza real mediante un correo electrónico de
procedencia dudosa antes que a través de las propias fuentes oficiales
o mediante cualquier otro canal de comunicación.
• Mensajes en cadena. Constituyen
una auténtica perversión del correo electrónico,
pues contribuyen a la extensión de informaciones falsas que crean
alarma y saturan buzones, redes y servidores. Su contenido suele apelar
a la conciencia del receptor (peticiones de ayuda para un enfermo
terminal o para la localización de una persona desaparecida) o a su
superstición (auguran toda suerte a quien reenvíe el texto a una serie
de personas).
• Ofertas y trucos. Con el nombre
de alguna compañía conocida en la cabecera, se
informa de extraordinarias ofertas o de artimañas para, por ejemplo,
recargar el teléfono móvil de forma gratuita. Aunque incluyan datos
reales (email, página web) de alguna empresa, ésta no es la emisora,
sino la víctima del engaño.
• Leyendas urbanas. Alardes
imaginativos, en ocasiones muy elaborados, que cuentan
historias fantásticas, terroríficas o simplemente increíbles. Internet
contribuye a que bulos clásicos del tipo 'Elvis vive' se diseminen
rápidamente, y ha generado otros nuevos.
Fuente: “Hoax, bulos en Internet”, Nacho Rojo para
CONSUMER.ES

Más información
Documentación
Complementaria
- “El verdadero
peligro
de los hoax”, Portal Alerta Antivirus.
http://www.alerta-antivirus.es
- “Cómo
reconocer y hacer frente a los bulos”, Revista Personal Computer and
Internet.
http://www.alerta-antivirus.es